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  02 DE SEPTIEMBRE DEL 2011
 
por Daniel de la Fuente / cortesía "El norte"
 

RESCATISTAS Y EMPLEADOS DEL CASINO ROYALE DAN LEECIÓN DE VALENTÍA Y ENTREGA

 
     

José Gerardo Rocha Almanza, empleado del casino, presenta laceraciones en la epalda, donde pisaron las mujeres a las que ayudó a escapar. Foto: Daniel de la Fuente / cortesía "El norte"


Más de 70 héroes, sin importar riesgos, rescataron víctimas del mayor atentado contra civiles en la historia del País.

Bomberos de Nuevo León y de empresas privadas, elementos de las cruces Verde y Roja y de Protección Civil trabajaron hombro con hombro con empleados del Casino Royale, cuyo arrojo será recordado por salvar vidas. 

Salva a unos 40 con su espalda

Estaban en la azotea del Casino Royale revisando fuentes de poder cuando a los ingenieros José Gerardo Rocha Almanza y Juan Francisco Ávila los asaltó una multitud que salió de una de las puertas en busca de auxilio.

Atrás de la gente venía una densa nube negra; de los extractores salían rastros de una combustión de la que los empleados del casino, de 28 y 22 años respectivamente, desconocían su origen.

"Por el lado de los extractores estaba fuerte el humo, no se veía nada, y la gente estaba desesperadísima, se quería aventar a la terraza", cuenta Gerardo. "'¡Espérense!', gritó, '¡Ahorita los saco!'".

Su compañero le preguntó qué intentaba y al ingeniero en sistemas del CEU lo único que se le ocurrió fue conducir a la gente al otro lado de la terraza, ponerse en cuclillas y decirle a su amigo: "súbemelos".

Juan lo miró inseguro, pero empezó a montar personas sobre la espalda de Gerardo y a ayudarlas a alcanzar el techo del local, que servía como comedor de empleados.

Sobre el techo del comedor había otros empleados que ayudaban a los clientes a ascender y correr por su vida hacia el estacionamiento de varios pisos.

"No vas a poder", le decía Juan al ver cómo su amigo se dolía de la espalda por los tacones de las mujeres y su peso.

"¡Dale, sí puedo!", gritaba Gerardo. Así, los jóvenes que atendían sistemas telefónicos, internet y maquinitas salvaron a por lo menos 40 personas que cruzaron hacia el estacionamiento, donde los esperaba otro empleado del Royale, Juan Carlos Rocha, quien en un carrito de golf bajaba a las personas para que fueran atendidas por los paramédicos.

Lleno de hollín y sofocado, Juan se quitó su camiseta y se tapó el rostro para seguir jalando clientes. Gerardo dice que no recuerda qué le decían aquellas personas aturdidas por el pánico. 

"Nomás me decía 'sí puedes, vas a poder', y gracias a Dios tuve fuerza para poder sacar a toda esa gente", cuenta. 

"No sé, sentí que no era yo, que debía hacerlo porque tenía que hacerlo".

Ya cuando todo pasó, le marcó a su esposa, quien reposaba de un embarazo avanzado por la alta presión. Le dijo que estaba bien.

Como a las ocho, Gerardo se fue entristecido hacia su casa en San Nicolás, donde su esposa le untó Vick VapoRub sobre las magulladuras, aún dolorosas.

"Ya no me duele tanto", sonríe, aunque de inmediato retira el gesto. A un mes de nacer su primer hijo, una niña, sufre por la incertidumbre de buscar un nuevo empleo.

"Ojalá todo esto pase pronto", afirma.


 
 


 

 

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